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Presentación
Un elogio a la
tenacidad
Alonso
Moleiro
Se me han
solicitado unas líneas para presentar este poemario de mi amigo Francisco
Alarcón. He aceptado, teniendo muy claros los riesgos de hacer de
improvisado comentarista en el terreno literario, más con el deseo de
rendir un tributo personal que haga justicia a una intensa labor reflexiva
y humanística que con el interés de aparecer dándole clases al lector
sobre la fortuna de los versos que se le presentarán a continuación.
Ya se ha
dicho muchas veces que en Venezuela los críticos literarios se están
extinguiendo, porque el espacio que ocupan está siendo invadido por el
lobby y las relaciones públicas. De manera que, con la intención expresa
de dejarle a los entendidos, –a los que queden- el análisis de las
bondades literarias de esta obra, asunto éste que no me corresponde, sólo
me resta desearle suerte a éstos versos, ahora que, como le oí decir
alguna vez al poeta merideño Freddy Fernández, se disponen a partir a la
guerra. Ya veremos cual de ellos sobrevive.
Más allá
de los méritos literarios formales de los poemas reunidos en este volumen-
sin duda existentes- quisiera ponderar en
Alarcón la tenacidad de su labor intelectual y el admirable aplomo con el
cual se empeña en seguir pensando y produciendo. Pocas veces he visto a un
elemento tan prolífico y entusiasta, a un sujeto que crea más en el valor
de su palabra, que Francisco Alarcón. Pocas veces, incluso entre personas
mucho más jóvenes que él. No hay contratiempo, no hay circunstancia, no
hay desperfecto tecnológico, desacuerdo político, desazón personal, que le
impida a Alarcón seguir empeñado en dejar constancia de su visión de las
cosas. Escribe, si le dan el espacio, si se lo reducen, si la fortuna y
las circunstancias lo premian o lo arrinconan. Si no se puede en la
prensa, en la cual ha puesto su firma en incontables ocasiones, escribe en
su propia página web, las Publicaciones de
Francisco Alarcón, que tiene tiempo recorriendo el ciberespacio y
gravitando en círculos periodísticos e intelectuales latinoamericanos,
invitando a la creatividad y la reflexión con sus penetrantes puntos de
vista.
Alarcón es
una máquina de segregar razonamientos. Lo hace sobre el tema económico,
que es uno de sus fuertes, sobre política e historia, sobre literatura y
humanidades, con claridad y propiedad. Lo hace, como acá queda
certificado, en un terreno que tiene una clave particular de acceso, una
muy especial manera para razonar, para el cual tienen el espacio vedado
las mentes simples, e incluso algunos esclarecidos salpicados de excesivo
racionalismo, que es el terreno de la poesía. Una parcela del pensamiento
en la cual, como se sabe, es tan fácil hacer morisquetas, es abordada por
Alarcón con un don para el cual está indiscutiblemente dotado, como queda
demostrado con los muchos premios que ha obtenido dentro y fuera del país.
Su obra es
la exposición del dominio de la técnica que dan los años: acá queda
demostrado en toda su dimensión que no es suficiente tener talento, -que a
él le sobra- sino que las ráfagas de ingenio no serían sino chispazos
circunstanciales teñidos de sabor parroquial si no descansan sobre el
soporte universal del método y la persistencia.
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